Sin título


Si no me equivoco, los programas culturales suelen organizarse en torno a cuatro ejes: equipo, instituciones, actividades y riqueza. El de IU (“Cultura para el bienestar de las personas”) también giraba sobre esos elementos. Una buena política cultural municipal debe atender a los cuatro temas: crear infraestructuras y activar las instituciones, impulsar actividades y promover la riqueza y el empleo (la “industria cultural”). Desde luego, y aún reconociendo la complejidad del asunto, no puede consistir en una mera relación (¿o habrá que decir colección?) de buenos propósitos desarticulados. Hay que elegir. Y me gustaría decir que lo fundamental son las actividades, por encima de la creación de nuevos centros, redes, planes o Consejos. Pero posiblemente un planteamiento así no sea acertado.

Si mi olfato no me traiciona, creo que lo fundamental es elegir (desde luego, hay que elegir) una buena articulación entre alguna infraestructura, alguna institución y algún tipo específico de actividad, que a su vez implicará, probablemente, la creación de empleos. La clave estará, según creo, en dar con el tema apropiado para que sirva de motor de otras muchas actividades, tenga efectos multiplicadores, libere o promueva la catarsis (¿no es ese el objetivo de la actividad cultural?), y finalmente nos deje, como sedimento, el apoyo a ciertos valores entre nosotros. Hay que elegir bien.

Pero si la política debe centrarse, elegir la diana hacia la que apuntar, la gestión es de mucha más amplitud. Y en ese campo resulta esencial, antes que añadir o cambiar algunos aspectos, mantener, defender y consolidar lo que funciona bien. Me quedé sin ver la reciente exposición de Archigram, valiosa y muy interesante para conocer algo de “la historia de las vanguardias” arquitectónicas de los años 60. Pero hoy he visitado la muestra de fotografía latinoamericana (de la colección privada de Anna Gamazo de Abelló) titulada “El peso de la ciudad”, en la sala de San Benito.

El título de la exposición es extraño. No por referirse a “la ciudad”: domina el paisaje urbano en la mayoría de ellas (en algunas es apabullante), y en todas se respira ciudad. Los textos de presentación nos dicen que “la ciudad ocupa un lugar primordial en la identidad del continente latinoamericano, sobre todo a partir de los años cincuenta cuando se acrecentó la concentración de la población urbana en las grandes metrópolis. La expansión urbana y la consecuente degradación de las condiciones de vida están en el centro de las preocupaciones de numerosos fotógrafos latinoamericanos que denuncian su falta de humanidad y exaltan su belleza”. Pero no entiendo el significado de “el peso”. El peso de la ciudad: una expresión algo enigmática, aunque sugerente.

Muchas de las fotos expuestas son turbadoras, si se analizan aisladamente. Pero visto el conjunto, la sensación es aún más amenazadora y peligrosa. Un conjunto de imágenes (obras absurdas, gestos alucinados, signos del deterioro sin marcha atrás, evidencias del dolor, acabamientos, tristezas, dudas y perplejidades… soledades) que desafía al espectador. Es decir: cumple el arte, se consuma su función cultural.

La foto del encabezamiento, que pertenece a la exposición, es de Geraldo de Barros. Fue realizada en 1848 en Sao Paulo, y no tiene título (la imagen procede de blogdofavre.ig.com.br).

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