Laos en Valladolid


Laos es un país lejano. Pero también una palabra lejana (griega, para ser exactos). El país Laos nos dejó a Roldán (el antiguo director de la Guardia Civil que huyó de España y fue capturado, o se entregó, en Laos en 1995). La palabra laos nos dejó nuestro término laicismo. “Laicidad, principio de derecho que vincula el poder público al conjunto del pueblo” (Henri Peña-Ruiz, en La emancipación laica). Pues bien: hoy leemos en El País una información sobre el borrador de la futura ley de Libertad Religiosa, que desarrolla la “laicidad” del Estado. Impactados aún por las recientes ceremonias de beatificación del Padre Hoyos, y sensibilizados por la famosa sentencia del crucifijo del Colegio Público Macías Picavea, leemos con interés la noticia.

Lo que se cuenta en el artículo tiene, en general, bastante buen aspecto. Se prohíben expresamente los crucifijos y símbolos religiosos en centros públicos, se suprimen (en principio) los funerales católicos, se fija el derecho a la apostasía, se regula bien la objeción de conciencia. Algunas cosas no se ven nada claras, como el estatus de algunas religiones de “notorio arraigo”. Pero en general, ya digo, el borrador parece interesante. El problema estriba, como tantas veces, en saber si se trata de una mejora respecto a la situación actual, o de una oportunidad perdida. Discernir, por tanto, si ya que se legisla sobre ese tema (y con ello se cierra la posibilidad de volver a hacerlo en una serie de años) no convendría abordar también ahora la derogación de los privilegios (en materia de financiación) que tiene la Iglesia católica. Podía preverse esa eliminación a medio plazo, y con todas las cautelas que se quiera. Pero no parece que sea esa la intención. De ahí que mi opinión sobre esta ley es que, aun con las mejoras que incorpora, se trata de una oportunidad perdida.

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