Áreas productivas de todo tipo


al3 preguntaba en un comentario de este blog: “¿Podrías explicar un poco más cómo enfocarías la permanencia, desarrollo e implantación de un tejido industrial importante en Valladolid? ¿Podrías dar algún detalle más de lo que a veces llamas de polígonos interiores?”. Veamos. En el entorno de Valladolid está programado el desarrollo de un polígono llamado Tuduero, en Tudela, nada menos que de 120 has. En Villanubla, un “parque aeronáutico”, el polígono San Cosme de 200 has. En Simancas, otro polígono de 80 has. Santovenia y Laguna también crean nuevo suelo industrial en sus planes urbanísticos. En Arroyo siguen con el invento de Ikea y toda la enorme superficie aneja. En Cigales, cerca de Cabezón, está en marcha (con bronca, pero en marcha) el denominado “macropolígono” Canal de Castilla, de cerca de 400 has. El parque tecnológico de Boecillo se ha ampliado una vez más (57 has.). Y en Valladolid capital se están construyendo los nuevos talleres ferroviarios (70 has.), se habla de un nuevo polígono agroalimentario (Palomares), se tiene idea de una nueva área logística, y hoy mismo el presidente de Renault en España “urge la creación del parque de proveedores” para la firma (dice, por cierto, que “hay que poner las pilas a nuestros funcionarios”: ¿no es una declaración un poco impropia?). El caso es que tenemos muchísimas hectáreas previstas para crear nuevo suelo productivo (o comercial: también hemos incluido Ikea). Están en distintas situaciones (unas en marcha, otras sólo previstas en el planeamiento, y algunas ni eso), pero en su conjunto suponen mucho más suelo del que vamos a poder digerir en mucho tiempo. O sea, que ese no es el problema. Que vengan o no vengan nuevas industrias no va a depender del suelo, a poco que se esmeren en la política de precios (lo cual no es fácil, ciertamente; pero insisto en que ése no va a ser el problema para que lleguen o no nuevas empresas).

Para plantear una propuesta compacta (estudiada, sólida y argumentada) sobre esta materia será necesario, aparte de esa visión territorial más amplia que hemos planteado más arriba, estudiar la situación. Analizar la economía urbana de la zona (situar a Valladolid en el contexto económico, revisar los datos de licencias, PIB, empleo y paro, comprobar la estructura territorial de las grandes y pequeñas empresas, la dependencia de las grandes firmas, en términos de empleo, las transformaciones de suelo industrial de los últimos años (Ebro, Enertec, el proyecto de cambio en la Fábrica de levadura), la propuesta de transformación de Argales, etc. Pero desde el punto de vista económico también nos interesa analizar la situación del comercio, su evolución, el impacto de los centros comerciales, el (mínimo) desarrollo de las áreas comerciales abiertas. Y el terciario de oficinas, la viabilidad de la propuesta del Plan Rogers de crear un “área de negocios” en la zona de los Talleres de Renfe. El turismo, y su relación con eventos e instalaciones (museos, por ejemplo). La universidad, vista como segunda empresa de la ciudad. Las administraciones (como fuentes de empleo: la Junta, el propio Ayuntamiento, etc.). Y también, cómo no, la construcción como actividad económica. Sus posibilidades en el momento actual, etc. La relación de todo el sistema con las infraestructuras y la energía (no siempre tan lineal como muchas veces se supone, dando por hecho que más carreteras es más actividad, directamente).

Nos interesa, en ese estudio que tenemos en marcha, sintetizar los datos sobre la dinámica económica de la ciudad, cuáles son las pautas de innovación y obsolescencia del tejido productivo vallisoletano, cuál es la influencia (¿o habría que decir el condicionamiento?) de las grandes empresas y operadores, el papel de bancos y cajas, etc. Pero de modo especial nos preocupa la situación del mundo del trabajo, cómo sufre el ciudadano los últimos cambios estructurales, cómo afectan a los trabajadores. Y si a eso le añadimos una preocupación más general, no limitada a nuestro ámbito, la cosa resulta algo más complicada todavía. Necesitamos saber muchas cosas para definir una política, como digo, compacta. Que se dirija hacia donde queremos ir. Pero no obstante, hay algo que sí creo podemos avanzar como planteamiento político de fondo: no limitarnos a los nuevos suelos, a las nuevas empresas, a las áreas de innovación. Pensar también, y sobre todo, en lo existente. En las empresas de todo tipo (industriales, oficinas, comercios, empresas constructoras, espacios de la administración, almacenes de todo tipo, etc. ), de pequeño y medio tamaño, que no van a ir a ningún polígono nuevo, y que ven cómo su espacio (físico y económico) se estrecha y oscurece.

Pues ahí es donde planteamos que debería dirigirse el grueso de la actuación municipal en esta materia. En la construcción (aparte de los polígonos exteriores que sean procedentes: un mapa comarcal que hay que racionalizar, desde luego) de un “polígono interior”, hecho de retales, de pequeñas áreas industriales o productivas que han quedado casi descolgadas en la ciudad (y en los municipios del Alfoz: la idea es trabajarlo para el conjunto), donde se plantee una política de apoyo (de distinto tipo; por ejemplo, tecnológico, asesoramiento, etc.), imagen y difusión, accesos y comunicaciones, servicios, etc. Que esas empresas gocen de muchas de las ventajas que tienen (con ayudas públicas, no lo olvidemos) muchas veces las de los polígonos nuevos. Esa es la idea, que ya digo habrá que desarrollar y concretar mucho más. Pero en el fondo se trata de estar más pendientes de impulsar y apopar lo que ya tenemos que abandonarlo y abrirnos a quien venga de fuera. Sí: como Ikea, por ejemplo.

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