Crueles políticas de inmigración


El número 83 de la revista de Médicos sin fronteras MSF (mayo 2010) dedica un reportaje a la inmigración, que titula “El coste humano de las políticas de inmigración”. Comenta “las políticas cada vez más restrictivas de los países de la Unión Europea”, el incremento de los controles fronterizos y la profusión de redes de explotación y tráfico de personas. Recuerda la duración y características (extorsiones, robos, engaños, agresiones de distinto tipo) del “viaje hasta las puertas de Europa”, el coste material, personal y familiar de quienes lo emprenden, e bloqueo en Marruecos y Argelia, las condiciones de su residencia en ciudades como Oujda o Maghnia, los problemas con las fuerzas de seguridad. Comentan también la situación de muchos de los que consiguen entrar en los países del sur de Europa, “las terribles condiciones en que permanecen los migrantes detenidos en los centros habilitados por los respectivos gobiernos”. Y concluyen: “Desde la legitimidad que le otorga el llevar años trabajando con el colectivo de migrantes y solicitantes de asilo, tanto en estos países como en sus lugares de origen y de tránsito, MSF urge a los gobiernos de la Unión Europea a que faciliten su acceso a los servicios médicos y a que se les proporcione un refugio digno y adecuado, independientemente de las políticas que implanten para el control de los flujos migratorios”.

Ahí quería llegar. En diversas ocasiones (por ejemplo,
aquí), desde hace casi diez años, he defendido (con otros compañeros) la política de apertura de fronteras. La mayor parte de la crueldad del relato que se resume en el citado número de la revista de MSF deriva del cierre de las fronteras. ¿Nunca se va a plantear un debate público sobre esta cuestión, que no se limite a declarar como irreales, ilusorias o angelicales las propuestas de abrir fronteras?

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